martes, 13 de agosto de 2013

Prologo

-Wow, nunca pensé encontrarme con alguien que hiciera algo así, pensaba que eso solo salía en las películas.

-Ya, supongo que es raro, y más raro se verá aun en un pueblo pequeño como este, donde todo el mundo quiere saber lo que le pasa al prójimo y criticar si es posible. Pero esto es como las enfermedades graves, piensas que nunca podría pasarte ni a ti ni a nadie cercano, hasta que al final pasa.

-¿Lo consideras una enfermedad?

-Bueno, es algo así como una obsesión.

-La verdad creo que nunca lo entenderé, puedes hacerte bastante daño, es más, si la cosa sale verdaderamente mal puedes llegar a… morir.- Noté como bajaba su tono de voz cuando más se acercaba el final de la frase. Se notaba que este tema le imponía bastante respeto, e incluso puedo llegar a pensar que miedo, pero estoy segura de que no me miraba como me miran los que ya lo saben y me tratan como a una loca apestada.

-Lo que yo buscaba justamente era el dolor. Yo culpaba a mi cuerpo de todo, y por eso era como si necesitara hacerle daño.

-Pero, ¿no te daba miedo ir demasiado lejos, pasarte de la raya, ya sabes?

-La verdad es que nunca me importo. No era suicidarme lo que buscaba, pero si hubiese pasado no me hubiese importado, porque en ese momento piensas que todo estaría mejor si tú no estuvieras en este mundo, como si nadie te necesitase. Piensas en tus padres pero también piensas en que eres una carga para ellos, por tanto piensas que lo podrán pasar mal unos días, pero luego todo mejorará.

-¿Y no pensabas en tus amigos?

-Nunca consideré que tenía buenos amigos hasta hace unos años, que fue cuando todo esto comenzó a parar, cuando yo me planteaba más las desventajas y el perderlo todo. Mis supuestas amigas de toda la vida me dejaron sola cuando era muy pequeña, pasé muchos años sola hasta que volvieron a hablarme, pero de todas formas, después de volver a estar juntas otros 3 o 4 años me volvieron a apartar por otras chicas que acababan de conocer y a las que dejaron de hablar un año después, y solo porque yo era diferente, porque no me gustaba salir los sábados y ponerme hasta las cejas de alcohol como hacen ellas. Eso, para mi gusto, no son amigas de verdad. Hace unos años, en mi tercer año de instituto fue cuando conocí a las que hoy en día considero que son mis amigas de verdad, las que están ahí aunque no haga lo que ellas hacen.

-Yo nunca tendría el valor para hacer eso. A parte del dolor físico… pensar que pudiera marcharme para siempre de un momento a otro, sin dar un por qué… me aterroriza.

-Por eso yo siempre dejaba una carta cuando lo hacía, por si acaso. La renovaba cada dos o tres meses, para que por lo menos tuvieran una explicación. Tengo una caja llena de cartas, a cada cual peor, pero cuyo mensaje es el mismo siempre.

-También me has dicho que culpabas a tu cuerpo, pero tú no tienes mal cuerpo.

-Ya te he dicho que esto es de hace años, y en esta sociedad todo está basado en el físico. La verdad es que nunca he recibido muchos insultos con respecto a mi peso y mi cuerpo, pero las miradas y los actos, el crecer y ver que tus amigas empiezan a quedar con chicos y que tú sigues ahí, esperando gustar a los demás, mientras se van a por otras, quizá fue por eso por lo que comencé a aislarme, a dejar de salir por ahí, a buscar vida tanto dentro de mi cabeza, en los mundos perfectos de fantasía que yo me montaba, como en internet, porque en el mundo real pasaba totalmente desapercibida y mientras las demás vestían como querían y salían con quien se proponían, yo tenía que sonreír y alegrarme cuando me contaban lo bien que les iba, pensando que al día siguiente sería yo la que estaría contándoles mis experiencias, ya que ese mundo no podía ser tan injusto para que nunca me tocase a mí, pero aún no me había dado cuenta de hasta donde llegaba la injusticia.

-¿Y qué encontrabas por internet?

-En internet podía mostrarme como era sin que nadie me juzgase por mi aspecto. Entré a una red social donde conocí a un montón de personas e incluso puedo decirte que pasé algunas de las mejores experiencias que he pasado en mi vida, aunque parezca imposible hacerlo a través de una pantalla, yo lo hice.

-¿Sabes lo que me parece raro? Que me cuentes todo a mí, que me conoces de unos pocos días, solo hemos cruzado pocas palabras.

-Has sido tú el que ha preguntado, pero de todas formas es mucho más fácil contarle todo a un desconocido o a alguien con el que hallas cruzado pocas palabras, te puedes ahorrar explicaciones tontas que con tus conocidos tendrías que darlas, ahorrarte las lágrimas y las penas de tus conocidos, y todo es más fluido. Además, tú me inspiras confianza, y mira que con todo esto me he vuelto muy desconfiada.

Vi que la cara le cambió, que ya estaba más seguro y no tenía miedo como antes, o por lo menos no me consideraba una loca, entonces me quedé sorprendida por lo que me dijo después.

-Me gustaría que me contases toda la historia, desde el principio hasta el último punto. Es algo que quiero entender, porque pese a lo que me has explicado, aun no llego a entender el que no te importase dejarlo todo. No soy muy buen consejero, ni podría ser muy buen psicólogo, pero se escuchar, y quizá te sientas mejor soltándolo todo.

Y ahí fue donde se empezó a estrechar nuestra relación, cuando yo le empecé a contar todo sobre mi pasado.

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